• Vie. Dic 3rd, 2021

En memoria de Alfredo Dominguez Araujo

Poradmin

Oct 26, 2021 ,

Intervención de Bertha Lujan en el evento organizado en la Feria Internacional del libro en la Ciudad de México, en homenaje a varios  Luchadores Sociales mexicanos, realizado  el 15 de octubre del 2021.

Hablar de Alfredo Domínguez Araujo es hablar de la lucha por la democratización de los sindicatos y organizaciones populares de por lo menos 60 años en el país. El es uno de esos dirigentes obreros, que con su carisma, trabajo y determinación, construyeron desde los años 60s y 70s la llamada Insurgencia Obrera, enfrentándose al aparato corporativo del Estado en manos del PRI, el cual caracterizábamos como la trilogía infernal, porque: charro, gobierno y patrón son el mismo cabron.

Alfred, como le llamábamos, aunque muchos de sus conocidos le decían “el Chulito”,  nació en Parral Chihuahua en 1934. De acuerdo a las notas biográficas de su esposa, compañera de siempre, Margarita Marrufo, sabemos que sus padres fueron Andrés Domínguez y Marina Araujo. Ellos tuvieron 15 hij@s, el menor fue Alfredo. Don Andrés fue villista y líder agrario. La familia Domínguez Araujo se integró de manera muy solidaria con los indígenas en Chihuahua, apoyando las misiones en la sierra Tarahumara. Al morir doña Marina,  Alfredo se va a vivir a la ciudad de Chihuahua a trabajar con un hermano en la industria automotriz. Y se casa en 1958 con Margarita Marrufo con quien procreó 12 hijos. En 1972 toda la familia se traslada de Chihuahua  a Cuernavaca, Mor.

Yo conocí a Alfred en 1966, él era ya Secretario General del FAT. Era un señor alto, moreno, con mucha personalidad, con voz fuerte, que de repente, intimidaba. Yo era parte de un grupo estudiantil llamado Bace, que se había formado en la UACH (Universidad Autónoma de Chihuahua), en apoyo a las luchas populares de esos años.

Y desde ahí lo empecé a tratar. Alfredo emanaba autoridad y enmedio de su carácter siempre humorístico, sarcástico, con una inteligencia poco común y una capacidad organizativa muy grande, junto a compañeros muy entregados, organizaba y sacaba adelante las luchas sindicales en Chihuahua, en fábricas, transporte, mercados, y en general, en la industria privada local. Fue histórica, por ejemplo, la marcha que se realiza desde Parral a la ciudad de Chihuahua, en demanda del reconocimiento al sindicato independiente en una gran empresa maderera de la región. Lo recuerdo manejando su coche al que llamábamos “el viento negro” por la cantidad de humo que lanzaba.  Fue en este carro en el que fue trasladado con grúa, junto a otros camaradas, a la cárcel, al realizar una manifestación por el despido de todos los trabajadores de Pepsi Cola. Alfredo y el Profesor Becerra quedaron en la cárcel varios días, su foto tras las rejas, en los periódicos, actuaba como amenaza para todos los que andaban en estos lances.

En realidad, hablar de Alfredo es hablar de la historia del FAT. De sus luchas heroicas en el sector de pequeñas y medianas empresas en por lo menos la mitad de las entidades del país, de 1960 hasta 2020, año en el que muere. El las acompañó todas, como dirigente nacional y en la última década como responsable del trabajo sindical en Morelos. En este estado fue el asesor de varios grupos del magisterio morelense, de sindicatos universitarios, particularmente, el de los académicos de la Universidad de Morelos, el Sitauaem. A este sindicato, donde Margarita, su mujer, participaba como una de las líderes, lo acompaño por 25 años seguidos.

Como no es el caso detallar aquí las distintas luchas en las que el FAT participó, y las experiencias de unidad y trabajo internacional que sostuvo, sólo plantearía que era su preocupación el poder avanzar en las batallas de los obreros por independizarse del yugo del charrismo sindical, del Estado protector del mismo, y de los patrones, quienes, desde entonces temían y combatían la posibilidad de tratar con sindicatos auténticos y por tanto, formaban parte del modelo laboral construido por el PRI-gobierno.

Alfredo, desde los 70s fue  una persona con una conciencia de clase muy profunda. Era un socialista, un tanto anarco, que admiraba a Ricardo Flores Magón y a Emiliano Zapata.  El creía en la necesidad de un cambio de sistema en el país, y creía en la clase obrera como protagonista de estos cambios. Ferviente entusiasta de la formación política y técnica de los trabajadores, se formó a sí mismo como un excelente instructor y promotor de círculos de estudio,  talleres sindicales sobre organización, contratación colectiva y huelga; su lenguaje y dinámica calaban hondo en la conciencia de los obreros.

Era famoso en el movimiento sindical,  tomando el micrófono en la cantidad de huelgas que enmarcaron los 60s, 70s y 80s en nuestro país. Nunca decayó su espíritu. Una derrota y a levantarse al siguiente día y a seguirse organizando… Su portafolios cargaba siempre folletos, documentos, escritos  referidos al movimiento, sus luchas y propuestas.  En cualquier reunión con trabajadores de base o en eventos unitarios con otras organizaciones, sacaba sus aportes y los entregaba.

Como, podría uno preguntarse, una persona con este trabajo, de todos los días, a todas horas, con salario mínimo, podía sostener a su gran familia. Y bueno, el milagro lo hace Margarita, con su profesión de enfermera, trabajando las noches en cuidados especiales y atendiendo casa e hijos durante el día. Fue ella la que primero en Chihuahua y después en Cuernavaca Morelos, construyó la solvencia familiar, participando también en la lucha sindical, sobre todo, en la creación del Sitauaem, como maestra de la Facultad de Enfermería.

Tantas anécdotas que contar…. Pero se nos acaba el tiempo.  Quiero terminar leyendo un párrafo de Jorge Belarmino de su libro, Historia del FAT, 50 años de lucha libertaria. Es una frase dedicada al FAT, pero concentra la calidad de la gente que participa en este proyecto, por tanto, a Alfredo Domínguez Araujo.  ” El Frente Auténtico del Trabajo (FAT) es una organización única en México. Dirigido por trabajadoras y trabajadores desde su nacimiento, se desarrolla en todos los sectores: sindicales, campesinos, urbano populares, cooperativistas. Al extenderse por todo el país, resume tradiciones y problemáticas regionales muy distintas entre sí.

En el movimiento obrero, es el primero en concentrar sus esfuerzos dentro de la industria privada que creó el llamado milagro mexicano.

Quien le da vida en origen es el cristianismo social, que evoluciona hacia el pensamiento socialista, con una honda vocación autogestionaria y una escrupulosa correspondencia entre los principios y los actos, y el sueño de una nueva sociedad, justa, libre, equitativa, solidaria.

Nadie como el FAT  ha puesto tanto empeño en la unidad, y nadie tampoco ha estado tan en contacto con las instancias hermanas del resto del mundo. Por ello hoy puede ir al frente en la búsqueda de una globalización que se construye desde los pueblos y no desde el poder.  Sus primeros cincuenta años son un orgullo para la izquierda social.”

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